La sílfide y el escocés, una de las perlas eternas del ballet romántico del siglo XIX, regresa al Palacio de Bellas Artes, pero esta vez con música en vivo. Coreografiada originalmente por Filippo Taglioni en 1832, esta obra etérea narra la pasión prohibida entre un joven highlander escocés y una sílfide —espíritu alado de la naturaleza— que culmina en tragedia por un velo embrujado.
Montada por la Compañía Nacional de Danza (CND), más que un cuento fantástico, es un himno a la libertad indómita y sus castigos sutiles. Un relato que, en palabras de Erick Rodríguez, director de la CND, es vigente y es el pretexto ideal para “hacer una relectura de nuestra realidad”.
Es una obra que trasciende el escenario para convertirse en un manifiesto poético: alas de libertad que se quiebran en éxtasis trágico y curiosidad que enciende destinos.
La temporada, con sólo cinco funciones, contará con la presencia de la Orquesta del Teatro de Bellas Artes en vivo, dirigida por el concertador Gavriel Heine.
Para el titular de la CND, La Sífide y el escocés es un símbolo vivo de empoderamiento y vulnerabilidad. Con una pasión que trasciende el escenario: “Es una mujer que toma sus propias decisiones, que hace lo que quiere, y de alguna forma, termina siendo castigada por su libertad. Por eso creo que es una obra actual más allá de que represente una época en el siglo XIX. Sigue estando vigente en ese sentido”.
En un México contemporáneo marcado por debates sobre autonomía femenina y tradiciones opresivas, esta interpretación resuena con fuerza.
Erick Rodríguez posiciona La sílfide y el escocés como puente entre pasado y presente, un ballet que democratiza el romanticismo: “Que consideramos accesible para todos, además, hacía muchos años que no se presentaba con orquesta en el Palacio de Bellas Artes”.
El director celebra el poder transformador de la música en vivo, que eleva la danza a un plano sublime: “Representa una gran posibilidad porque el efecto es más redondo con la música en vivo. Imaginar el Palacio de Bellas Artes lleno, la orquesta de la Secretaría de Cultura cobrando vida bajo la batuta experta, mientras los bailarines flotan en tutús blancos como nubes, evoca brisas escocesas en el corazón de Ciudad de México”.
El alma del primer bailarín de la CND
Argenis Montalvo, primer bailarín de la CND, encarna el papel de James y lo hace con un cariño profundo, forjado en una década de sudor y epifanías.
La coreografía en dos actos sigue la trama de James, un joven escocés que, al ser seducido por una sílfide, deja a su prometida Effie el día de su boda. Hecho que llevará a la bruja Madge a cobrar venganza.
Montalvo comparte que este rol lo catapultó a la cima como primer bailarín de la CND. “Es un papel al cual le tengo mucho cariño. Con este papel me subieron a primer bailarín; en ese momento, hace 10 años, lo trabajé de una manera muy ardua con maestros que todavía están aquí. Es como recuperar momentos muy lindos”.
Para el primer bailarín de la CND, James está lejos de ser un villano, sino espejo de nuestras flaquezas humanas: “No creo que sea malo el personaje, más bien creo que le gana la curiosidad al final, pues es algo muy muy terrenal; a todos nos puede pasar de repente tener algo resuelto o estipulado y de repente la curiosidad nos gana”.
Asegura que es un papel que disfruta mucho, su historia con el personaje se remonta a mayo del 2015, cuando tuvo la posibilidad de bailarlo.
“Sigue representando un reto, porque es muy difícil mantener el estilo, la historia y que todo el mundo entienda, pero será un deleite bailarlo bajo la dirección musical del maestro Gabriel, porque él ha dirigido en Rusia o en San Francisco con las mejores compañías del mundo. Es muy interesante hablar con él porque nos cuenta sobre los orígenes de las partituras, eso nos cambia a nosotros la calidad del movimiento”.
Rituales previos al vuelo
Montalvo habla del ritual que precede a cada función, un momento de soledad previo a su salida al escenario.
“En general soy muy ordenado, llego temprano, tengo mis cosas listas, agua y café, indispensable café. Subo a maquillarme lo más temprano que pueda porque me gusta tener un espacio en soledad con mis audífonos, agradeciendo el momento de estar ahí, agradeciéndole a mi cuerpo”.
Dice que el papel de James le ha dejado mucha experiencia y la posibilidad de moverse diferente: “Un poco más veloz”.

Durante el ensayo asume su rol, domina el escenario, vuela con profesionalismo, pero sin tocar a la sílfide, porque si lo hace, corre el riesgo de quedar ciega y morir. Justo al final, en un momento de éxtasis, no se puede detener y ante un velo embrujado todo sucumbe.
Para poder ver en el escenario La Sílfide y el escocés, versión del estadunidense Terrence S. Orr, basada en la original de August Bournonvilla, habrá cinco fechas en el Palacio de Bellas Artes: el 22, 24, 26 y 1 de marzo con música en vivo, mientras que el 28 de febrero la función se llevará a cabo con pista musical.
PCL











