El presidente de Irán, Masud Pezeshkian, destacó las movilizaciones masivas del pueblo iraní este miércoles 11 de febrero como un acto de defensa de la patria y de lealtad al Líder de la Revolución, el ayatolá Seyed Ali Jamenei.
Durante la conmemoración del 47.º aniversario del triunfo de la Revolución Islámica en la Plaza Azadi de Teherán, el mandatario recordó que la lucha histórica de la nación buscó siempre la justicia y la independencia frente a los intentos de potencias extranjeras por detener su proceso mediante golpes de Estado y agresiones externas.
Pezeshkian realizó un llamado a la unidad nacional para sanar la herida provocada por los sucesos de enero, que calificó como un gran dolor para el país. El Gobierno iraní reconoció la muerte de 3.117 personas durante las protestas iniciadas en diciembre por la caída del rial, de las cuales culpó a la intervención y conspiraciones de Estados Unidos e Israel.
El jefe de Estado pidió disculpas a la nación por los problemas económicos que enfrenta y aseguró que su Administración está lista para escuchar la voz del pueblo, rechazando cualquier forma de sabotaje o injerencia externa. Subrayó que, aunque se respetan las manifestaciones públicas, el país resolverá sus problemas internos sin permitir que fuerzas extranjeras promuevan la violencia entre compatriotas.
En materia de relaciones exteriores, el mandatario agradeció el acompañamiento de países vecinos como Türkiye, Arabia Saudita, Egipto, Qatar y Emiratos Árabes Unidos frente a las agresiones imperialistas. Remarcó que la construcción de relaciones fraternas en la región es una prioridad para garantizar la paz y la estabilidad frente a los ataques del enemigo.
Al concluir su intervención, Pezeshkian reafirmó que la presencia de un liderazgo fuerte guía al sistema frente a todas las adversidades, instó a la sociedad a mantenerse unida bajo la conducción de Jamenei para superar los desafíos económicos y políticos impuestos por el asedio internacional. Miles de ciudadanos se movilizaron en las principales ciudades, condados y aldeas de Irán para celebrar el triunfo de la Revolución Islámica de 1979, movimiento que puso fin a la monarquía Pahlavi respaldada por Estados Unidos.
Entre cánticos de rechazo a la hegemonía imperialista y la ocupación apoyada por Occidente, los manifestantes ondearon banderas y portaron imágenes del Imam Jomeini y del ayatolá Seyed Ali Jamenei. La jornada reafirmó el carácter nacional de un levantamiento que no solo transformó la estructura política y cultural del país, sino que consolidó una postura de resistencia frente a la interferencia extranjera en la región.
Las rutas de las marchas, especialmente en la capital, fueron adornadas con homenajes a los mártires del país, destacando la figura del general Qasem Soleimani y de los caídos durante la reciente guerra de 12 días contra Israel y Estados Unidos. Durante los actos en Teherán, las autoridades exhibieron una muestra de su capacidad defensiva, incluyendo misiles de crucero Nasr y Qader, así como misiles balísticos Hach Qasem y los restos de un dron israelí derribado en junio pasado.
Esta exhibición de fuerza busca cumplir con el llamado del líder de la Revolución de frustrar las esperanzas de los enemigos para detener las agresiones y hostigamientos constantes. La transición de la monarquía a la República Islámica fue recordada como un punto de inflexión histórico en la búsqueda de progreso integral y soberanía.
Los reportes de los medios locales destacaron que la voluntad popular sigue siendo la principal barrera contra las conspiraciones externas, tal como enfatizó el ayatolá Jamenei al instar a la nación a demostrar su determinación en cualquier circunstancia. Con esta masiva convocatoria, Irán envió un mensaje contundente sobre la vigencia de su modelo político y su firme decisión de resolver sus asuntos internos sin permitir la intervención de potencias imperiales.











