China: el poder ilimitado de Xi Jinping – La Prensa Gráfica

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Xi Jinping es un político e ingeniero químico, secretario general del Comité Central del Partido Comunista de China (PCCh) desde noviembre de 2012 y actual presidente de la República Popular China (RPC) desde marzo de 2013 hasta la actualidad. Continuador de las políticas económicas que han sostenido el desarrollo económico de China, ha aplicado estrategias orientadas a la reducción de la pobreza. Una de sus frases lo resume: “Es un requisito esencial del socialismo erradicar la pobreza, mejorar el nivel de vida de las personas y lograr la prosperidad común de la población”.
La RPC no es una democracia liberal ni representativa. La Constitución del Estado y del PCCh establecen que la forma de gobierno de la RPC es la “dictadura democrática popular”. Xi Jinping, en su libro La gobernación y administración de China, expone que “la democracia con peculiaridades chinas y con el liderazgo general del partido no es un concepto teórico: es un ensayo práctico, particular y aplicable a las características chinas; no es una receta exportable ni adaptable forzadamente a otros pueblos”. En este marco, la democracia tradicional conocida en Occidente no es aplicable debido a las propias restricciones de la realidad política de la RPC.
La práctica y la experiencia de la RPC pueden parecer contradictorias con la teoría de la modernización, que vincula el desarrollo económico con la democracia. Sin embargo, en la realidad china las limitaciones políticas democráticas son evidentes, ya que continúa existiendo el partido único, el culto al poder del Estado y el culto al líder. Xi ha revivido el gobierno unipersonal y se ha reintroducido el adoctrinamiento ideológico marxista.
Desde que asumió el poder, Xi Jinping ha implantado medidas para reforzar la disciplina, el control del partido y la unidad interna del Estado. Diversas ONG, como Amnistía Internacional y Human Rights Watch, han responsabilizado a su gobierno por el aumento de las violaciones de derechos humanos, alcanzando niveles no vistos desde las protestas de la Plaza de Tiananmén de 1989. Miles de opositores políticos, así como miembros de grupos étnicos y religiosos, se encuentran encarcelados simplemente por expresar su opinión.
Asimismo, la Organización de las Naciones Unidas ha denunciado que en la región de Sinkiang existen campos de internamiento en los que se somete a prisioneros a trabajos forzados establecidos durante el gobierno de Xi Jinping. El gobierno chino se defiende argumentando que dichos centros no son más que espacios de “educación vocacional”, destinados a controlar el pensamiento extremista en la región y contrarrestar el terrorismo islámico.
Resulta paradójico que, para Xi Jinping, limitar las libertades y formar parte de un sistema opresor no represente una objeción, considerando que su padre, Xi Zhongxun, revolucionario comunista conocido por su moderación política, fue víctima de la Revolución Cultural (1966–1975) impulsada por Mao Zedong. Xi Zhongxun fue perseguido, encarcelado, purgado y humillado en reiteradas ocasiones, incluso obligado a desfilar con un cartel que lo señalaba como “traidor al partido”. Esta experiencia familiar podría haber sido un motivo de cordura en el ejercicio del gobierno; sin embargo, ha ocurrido lo contrario, pues la radicalización del sistema se ha vuelto más implacable.
En el siglo XXI, el milagro económico de China permitió formular una predicción: que el país podría llegar a ser democrático y libre en las primeras décadas del siglo. No obstante, el régimen comunista no solo ha subsistido, sino que ha hecho prácticamente imposible una transición hacia la democracia. En 2018, el Congreso Nacional del Pueblo aprobó la eliminación del límite de dos mandatos para la presidencia, lo que permite que Xi Jinping permanezca en el poder de forma indefinida. En enero de 2026, Xi Jinping consolida aún más su poder absoluto al destituir al general del ejército Zhang Youxia, quien servía como contrapeso a su autoridad. El pensamiento de Xi Jinping sobre el socialismo para una nueva era constituye hoy la línea ideológica oficial del Partido Comunista de China.

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