La dictadura sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo encomendó a su hijo y presunto heredero político, Laureano Ortega Murillo, para proclamar públicamente el respaldo a las celebraciones del XLVII Aniversario de la Revolución Islámica de Irán, a pesar de las presiones que ha venido ejerciendo Estados Unidos.
El hijo de la pareja presidencial, quien funge en un cargo de asesor con rango ministerial, tomó parte de las celebraciones la noche del miércoles, 11 de febrero, en la embajada iraní en Managua.
El evento fue organizado por la misión iraní, encabezada por el legado Ramin Banat-Kuqe y contó con la participación de varios funcionarios sandinistas, incluyendo al cocanciller Valdrack Jaentschke; a Francisco Díaz, cojefe de la Policía Nacional; a María Amelia Coronel Kinloch, jefa del Ministerio del Interior; y a representantes del ejército sandinista, entre otros.
Asimismo, al evento asistió el embajador chino en Managua, Qu Yuhui.
La celebración tuvo lugar misma fecha en que los jefes de las Fuerzas Armadas de todo el continente se reunieron en Washington, D. C. con el fin de coordinar cooperación en varios ejes, incluyendo la expulsión de Rusia, China e Irán del continente.
El alto mando del Ejército de Nicaragua no fue invitado a esta reunión.
“Celebramos este 47 aniversario de la revolución iraní, queremos trasladar los más calurosos saludos y abrazos de nuestros copresidentes, el comandante Daniel y la compañera Rosario, al líder supremo Ayatola Jamenei, al presidente Masoud Pezeshkian, a su pueblo y gobierno”, declaró Ortega y Murillo.
“Revoluciones hermanas que se identifican con la búsqueda de ese mundo más justo, ese mundo multipolar, donde los derechos de los pueblos sean respetados y donde cada pueblo pueda desarrollarse bajo sus propias condiciones, bajo sus propias culturas, bajo sus propios principios”, manifestó el hijo de la pareja dictatorial.
Ignora las advertencias
Desde la captura del dictador venezolano, Nicolás Maduro, en un operativo militar estadounidense sobre Caracas el 3 de enero, el régimen sandinista ha moderado su retórica anti-estadounidense en algunos aspectos y colaborar con algunas de las demandas de Washington, aunque no al mismo nivel que el régimen venezolano.
Sin embargo, el gesto de Ortega Murillo neutraliza los efectos de la estrategia de apaciguamiento que la dictadura parece intentar aplicar. Esto debido al claro roce que experimenta dada la nueva política exterior impulsada desde el Departamento de Estado por el secretario del presidente Donald Trump, el ex-senador cubano-estadounidense Marco Rubio.
Bajo la gestión de Rubio, Estados Unidos ha revivido la llamada “doctrina Monroe”, una máxima de la política exterior de Estados Unidos en el siglo XIX mediante el cual se justificaba la primacía de los intereses y la influencia estadounidense en el hemisferio occidental, en detrimento de los poderes europeos de la época.
Con el “corolario Trump” a esta doctrina, Estados Unidos ahora contempla acciones contundentes en contra de sus rivales geopolíticos que intentan influir en la región, siendo estos Rusia, China e Irán, los tres aliados cercanos de las dictaduras en Cuba, Venezuela y Nicaragua.
Dichas acciones han incluido, ante todo, operaciones militares como la que extrajo a Maduro y el actual asedio petrolero impuesto sobre Cuba. Aunque contra Nicaragua no se han ejecutado operativos similares, en el sistema político estadounidense ya se barajan medidas que podrían impactar la capacidad del régimen de financiar sus operaciones.
Ya el encargado de negocios de la Embajada de los Estados Unidos en Managua, Elias Baumann, advirtió a la dictadura de que debía mostrar avances en la restauración de los derechos humanos y los estándares democráticos en el país para evitar mayores sanciones y presiones arancelarias.











